Desde que era una niña he elegido expresarme a través del dibujo, la pintura y la poesía. En el año 2020, en plena pandemia, incursioné en la acuarela y me enamoré de la magia de los pigmentos, del agua y sus movimientos. Más allá del resultado, disfruto de mis procesos creativos y, como en mi infancia, juego con los colores y las formas.
Como psicóloga, valoro el poder expresivo y sublimatorio del arte. Por eso, utilizo mis conocimientos artísticos para acompañar a las personas.
Suelo pintar de noche, cuando mi hijo duerme, el barrio está en silencio y yo puedo conectar con mis pensamientos y emociones, luego del trajín del día.
La maternidad y la crianza me han transformado y han sido motor de muchos procesos creativos y de momentos de encuentro y disfrute con mi hijo.